¿Qué son y cuáles son las siete palabras? Estas son las siete ultimas
frases que la Tradición Apostólica y los Evangelios Canónicos (Mateo, Marcos,
Lucas y Juan) ha recogido para nuestro crecimiento espiritual, nuestro
crecimiento en la fe.
Cómo con toda predicación (incluyendo la homilía
dominical) dentro de la Iglesia es muy apremiante hacer un esfuerzo y atender a
esta predicación ya sea por estos medios cómo este o cuando se da la
predicación de las Siete Palabras el Viernes Santo en nuestras comunidades
eclesiales.
Esto no quiere decir que tengamos que aprendernos
de memoria todo el sermón o predicación sino más bien que debemos sacar algunos
puntos que nos ayuden en el crecimiento espiritual.
Invocación
al Espíritu Santo
Ven, Espíritu Santo
Espíritu Santo
Consolador, ven con tu fuerza y con tu poder, que sin herir ni violentar,
ofreces en la conciencia el susurro de lo que es bueno y mejor, para bien de
cada persona y de la comunidad humana.
Ven, sobre todo, a lo
más íntimo de nuestro ser, donde se experimenta la turbación, el sinsentido, la
desesperanza, la tristeza, el desánimo, el dolor y las lágrimas secretas. ¡Son
tantos los que lloran sin que los mire nadie! ¡Son tantos los heridos de la
vida que se creen incurables! ¡Son tantos los que piensan que no tiene remedio
su dolencia!
Ven, Espíritu Santo,
Consolador, hazte luz para quienes todo lo ven oscuro; amor,
para quienes se creen o están solos; fuerza, para quienes perciben la debilidad
física y también en su espíritu. Tú eres el mejor Abogado, defiéndenos de
nosotros mismos, de nuestras melancolías y desesperanzas. Amén.
Primera
Palabra: “Padre,
perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc.
23, 34).
No debe caber ninguna duda que Cristo fue
misericordioso con los que lo ejecutaron.
También lo fue con el sirviente o esclavo a quién le cortaron la oreja.
Las palabras pronunciadas en la cruz, en especial esta
primera palabra muestra su conexión entre su oración y su vida (humana y
divina). Aunque no podemos separar lo
humano de lo divino en Cristo Jesús ya que en El todo lo humano es divino y
todo lo divino es humano. De esta forma,
todos los bautizados estamos llamados a tener esa conexión entre la oración y
nuestra vida cristiana.
La muerte de Jesús no puede ser achacada a los
judíos de la época de Jesús. Cómo
tampoco podemos culpar a sus descendientes.
Nos enseña la Iglesia que culpables somos todos o sea todos los seres
humanos. Somos culpables por nuestro
pecado original y nuestros pecados actuales o personales.
No solo muere para salvarnos, sino que antes le
pide al Padre que nos perdone. No solo
eso, sino le recuerda al Padre Dios que nos perdone, PORQUE NO SABEMOS lo que hacemos.
Entonces nos podríamos preguntar ¿Cómo es eso que
no sabemos lo que hacemos? Si te
escuchamos predicar con autoridad y poder sobre el Reino de Dios y sus
exigencias. Si te vimos resucitar a la
hija de Jairo (ver Mc. 5, 39). Si te
vimos alimentar a más de 5,000 personas con cinco panes y dos peces (ver Jn. 6,
1-14). Si vimos todas cosas que tu hacías
a diario en medio del pueblo.
Señor Gracias,
por ese acto de amor infinito que una vez más y desde tu altar de la cruz nos
da a todos ya sea que creamos en ti o simplemente no creamos. Por tu eterna bondad mil pero que eternamente
mil gracias Señor.
Escríbenos tus comentarios…
¡Que Dios en su infinito amor y misericordia los
bendiga a todos!
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